Entre las bebidas tradicionales de Querétaro existe una preparación que combina pulque, maíz y frutas para dar como resultado un sabor intenso, dulce y ligeramente fermentado: el mejengue.
Aunque no es tan conocido como otras bebidas regionales, el mejengue forma parte de la herencia gastronómica del estado y está relacionado con las tradiciones culinarias de las comunidades indígenas. Su preparación aprovecha ingredientes que durante generaciones han formado parte de la alimentación de la región, como el maíz y el agave.
La receta tradicional incluye pulque, maíz prieto, piña, plátano, piloncillo, canela y hojas de maíz. La mezcla requiere un proceso de fermentación: primero se deja reposar durante varios días y posteriormente se incorporan las frutas y especias que terminan de darle su particular perfil de sabor.
El resultado es una bebida de cuerpo espeso, notas frutales y un sabor en el que se combinan el dulzor del piloncillo con los matices propios de la fermentación.
El mejengue también está ligado a las celebraciones tradicionales de Querétaro, donde suele acompañar preparaciones de sabores intensos, particularmente el mole. La combinación no es casual: las notas dulces y fermentadas de la bebida ayudan a equilibrar el carácter especiado del platillo.
Más allá de su sabor, esta bebida representa una forma de preservar conocimientos culinarios transmitidos entre generaciones. Su elaboración artesanal mantiene vigente una parte de la historia gastronómica queretana y recuerda que la riqueza de la cocina del estado también está en aquellas recetas que sobreviven fuera de los grandes restaurantes.


