A más de seis décadas de su muerte, Marilyn Monroe continúa siendo una de las figuras más reconocidas de la cultura popular mundial. Sin embargo, especialistas y estudiosos de su trayectoria sostienen que detrás de la imagen de símbolo sexual existió una actriz comprometida con su oficio y una pionera en la búsqueda de mayor autonomía artística dentro de Hollywood.
De acuerdo con la investigadora Emily Carman, profesora asociada de Cine y Artes Mediáticas de la Universidad Chapman, la construcción del personaje público de Marilyn Monroe fue una de las interpretaciones más complejas de la actriz, cuyo nombre real era Norma Jeane Baker.
La académica señala que durante años la imagen pública de Monroe eclipsó el reconocimiento de sus capacidades interpretativas, pese a que fue una de las figuras que contribuyeron a introducir y popularizar en Hollywood las técnicas de actuación asociadas al denominado “método”, impulsado por el Actors Studio de Nueva York.
Tras una infancia marcada por dificultades familiares y un inicio profesional como modelo, Monroe logró abrirse paso en la industria cinematográfica hasta convertirse en una de las estrellas más importantes de la década de 1950 gracias a películas como Niagara, Gentlemen Prefer Blondes y How to Marry a Millionaire.
No obstante, el éxito vino acompañado de un encasillamiento en personajes de mujeres atractivas e ingenuas, situación que la llevó a confrontar las condiciones impuestas por los grandes estudios cinematográficos.
En 1954 rechazó participar en una producción de 20th Century Fox como muestra de inconformidad con los papeles que le ofrecían y con las diferencias salariales respecto a actores masculinos. Posteriormente se trasladó a Nueva York para estudiar actuación con Lee Strasberg y profundizar en su formación profesional.
Un año después fundó Marilyn Monroe Productions junto con el fotógrafo Milton H. Greene, convirtiéndose en una de las primeras actrices de Hollywood en crear su propia productora con el propósito de obtener mayor control creativo sobre sus proyectos.
Gracias a esta decisión pudo participar en producciones que le permitieron explorar registros más complejos y dramáticos, entre ellas Bus Stop y The Prince and the Showgirl, trabajo por el que obtuvo reconocimiento internacional.
Especialistas consideran que uno de los papeles más representativos de su carrera fue el de Roslyn Tabor en The Misfits (1961), película escrita por el dramaturgo Arthur Miller, entonces esposo de la actriz. En este filme, Monroe interpretó a un personaje con una profundidad emocional distinta a los estereotipos que habían definido gran parte de su trayectoria.
A cien años de su nacimiento, la figura de Marilyn Monroe continúa generando interés y debate. Más allá del mito y de la imagen que la convirtió en un ícono universal, investigadores y críticos coinciden en que su legado también incluye una contribución significativa a la evolución de la actuación cinematográfica y a la lucha por una mayor independencia artística para las mujeres dentro de la industria del entretenimiento.


