Querétaro ha desarrollado una identidad gastronómica que también se disfruta en una copa. Las condiciones de su región vitivinícola y el trabajo de las casas productoras han impulsado una oferta de vinos que acompaña desde comidas tradicionales hasta propuestas de cocina contemporánea.
En municipios como Ezequiel Montes, la elaboración de vino forma parte de una actividad que combina agricultura, conocimiento técnico y turismo. Algunas vinícolas permiten conocer las distintas etapas del proceso, recorrer sus instalaciones y descubrir cómo se elaboran los vinos blancos, tintos y espumosos.
Uno de los atractivos para los visitantes son las cavas, espacios donde las botellas permanecen bajo condiciones controladas durante distintas etapas de producción y conservación. Estos recorridos ayudan a comprender por qué el tiempo, la temperatura y los métodos de elaboración influyen en las características de cada vino.
En la mesa, los espumosos ofrecen posibilidades que van más allá de los brindis. Dependiendo de su estilo, pueden acompañar quesos suaves, pescados, mariscos, ensaladas y postres, por lo que también encuentran lugar en experiencias de degustación y menús de maridaje.
La visita a una vinícola puede complementarse con recorridos por localidades cercanas, compras de productos regionales y paradas en restaurantes que incorporan ingredientes del semidesierto y del Bajío a sus propuestas culinarias.
Este tipo de experiencias ha contribuido a ampliar el atractivo turístico de Querétaro, donde el vino se relaciona con la gastronomía, el paisaje y las actividades recreativas. Para quienes buscan una salida de fin de semana diferente, conocer el proceso de elaboración y probar distintas etiquetas permite acercarse a una faceta de la producción local que combina tradición e innovación.


