A punto de cumplir 83 años, Robert De Niro continúa mostrando una actividad profesional y personal que no parece disminuir con el paso del tiempo. El actor mantiene una agenda que combina proyectos cinematográficos, la administración de negocios en el sector de la hospitalidad y su vida familiar, especialmente en el cuidado de su hija menor, Gia Virginia, fruto de su relación con Tiffany Chen.
Más allá de su carrera, el intérprete ha llamado la atención por una rutina diaria que ha descrito en distintas entrevistas a lo largo de los años, incluyendo una intervención ante graduados de la Escuela de Artes Tisch de la Universidad de Nueva York, donde ha compartido parte de sus hábitos de vida.
Su jornada comienza muy temprano, entre las 5 y 6 de la mañana, una costumbre que ha mantenido desde sus inicios en la industria del cine, cuando los llamados de maquillaje exigían madrugar de forma constante. Incluso en días sin rodaje, dedica las primeras horas a leer guiones, repasar compromisos laborales y atender los negocios vinculados a su cadena de restaurantes y hoteles Nobu.
En el plano físico, su preparación está guiada por el entrenador James Brady, con quien realiza actividad de tres a seis veces por semana. Su entrenamiento combina ejercicios cardiovasculares con rutinas de fuerza adaptadas a su edad, con el objetivo de mantener resistencia y masa muscular sin recurrir a métodos extremos.
La alimentación también forma parte central de su disciplina diaria. Su desayuno suele ser sencillo, compuesto por café, jugo de naranja, huevos y pan integral o bagels, privilegiando una dieta equilibrada sobre regímenes restrictivos. De acuerdo con el chef Agostino Sciandri, su enfoque alimenticio se basa en preparaciones simples como arroz integral, verduras, pescado fresco y carbohidratos de lenta absorción, lo que le permite sostener jornadas exigentes.
Este estilo de vida ha sido consistente a lo largo de su trayectoria, incluso en etapas clave de su carrera. Un ejemplo emblemático se encuentra en la película Raging Bull, conocida en español como “Toro salvaje”, donde su transformación física para interpretar al boxeador Jake LaMotta implicó una preparación rigurosa que incluyó aumento de peso significativo y entrenamiento especializado. Aquella actuación le valió el reconocimiento de la Academia con el Premio Oscar al Mejor Actor, consolidando una de las interpretaciones más recordadas de su carrera.


