Cada Mundial trae consigo algo más que goles, camisetas y pronósticos. Trae recuerdos. Calles adornadas, reuniones frente al televisor, álbumes de estampas incompletos y conversaciones que atraviesan generaciones. Y mientras el mundo vuelve a mirar a Norteamérica con la Copa del Mundo de 2026, en Querétaro también hay una historia mundialista que vale la pena recordar.
Aunque en esta edición el estado no figura entre las sedes oficiales del torneo organizado por México, Estados Unidos y Canadá, el fútbol internacional ya conoce el nombre de Querétaro desde hace cuatro décadas.
Fue en México 1986 cuando la capital queretana se convirtió en anfitriona del mundo gracias al Estadio Corregidora, un recinto construido precisamente con la intención de albergar partidos mundialistas y que, con apenas meses de haber sido inaugurado, recibió encuentros de una de las selecciones más poderosas del planeta: Alemania Federal.
Durante aquel verano futbolero, Querétaro fue sede del llamado Grupo E, considerado por muchos como uno de los más competitivos del certamen, integrado por Uruguay, Dinamarca, Escocia y Alemania Federal. La Corregidora albergó los tres partidos de fase de grupos de los alemanes, convirtiendo a la ciudad en una especie de casa temporal para el conjunto europeo.
En suelo queretano, Alemania empató 1-1 ante Uruguay, derrotó 2-1 a Escocia y cayó 2-0 frente a Dinamarca. Además, el estadio recibió el duelo de octavos de final entre Dinamarca y España. Aquellos partidos no sólo pusieron a Querétaro en el mapa internacional; también dejaron postales imborrables de un estadio lleno, banderas extranjeras ondeando entre la afición local y una ciudad viviendo, quizá por primera vez, la intensidad de una Copa del Mundo desde primera fila.
Para quienes lo vivieron, el Mundial del 86 significó mucho más que un torneo. Fue la llegada del fútbol global a una ciudad que todavía crecía y comenzaba a consolidar su identidad moderna. La presencia de aficionados internacionales, la expectativa previa a cada encuentro y la emoción de ver figuras mundiales pisando el césped de La Corregidora forman parte de una memoria colectiva que sigue viva en Querétaro.
Hoy, a 40 años de distancia, el Mundial regresa a México con una nueva generación de aficionados. Las sedes oficiales estarán en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, pero en Querétaro permanece esa sensación particular de haber sido, aunque fuera por unas semanas, un pequeño epicentro del fútbol mundial.
Porque antes de los grandes espectáculos digitales, de las transmisiones en múltiples pantallas y de los estadios hiperconectados, hubo una época en la que Querétaro abrió sus puertas al mundo y vio a Alemania convertir a La Corregidora en su escenario mundialista.
Y aunque el balón de 2026 ruede lejos del estado, la historia recuerda que Querétaro ya sabe lo que significa vivir un Mundial.


