Entre los pasillos del Mercado de La Cruz, uno de los espacios más representativos de la vida cotidiana queretana, sobreviven negocios familiares que han conservado sus recetas y formas de preparación a lo largo de varias generaciones. Entre ellos destaca la tradición iniciada por doña Vicenta, cuya familia lleva alrededor de cinco décadas dedicada a la venta de antojitos.
El negocio comenzó con un pequeño puesto frente al templo de La Cruz y posteriormente acompañó el traslado del mercado a sus instalaciones actuales. Aunque su fundadora falleció, su nombre y el legado gastronómico permanecen en manos de sus familiares, quienes continúan atendiendo a clientes que durante años han regresado por los sabores de siempre.
Los guajolotes dorados son uno de los platillos más representativos del establecimiento, pero la oferta incluye también pozole, enchiladas, tacos dorados, tostadas, sopes y flautas. La variedad refleja la riqueza de la cocina popular queretana, donde las recetas se transmiten en las familias y forman parte de la identidad de los mercados tradicionales.
Más que un sitio para comer, estos puestos conservan historias de trabajo y continuidad familiar. En ellos, la gastronomía se convierte en un vínculo entre generaciones y en una muestra de cómo los mercados siguen siendo espacios fundamentales para la cultura y la convivencia de la ciudad.


